miércoles, 24 de noviembre de 2010

Provocas paradas cardíacas(;

Y verle venir desde el fondo del pasillo. Y que cuando llegue a donde tú estés, te guiñe el ojo, te sonría y te mire fijamente. Y que, un segundo después de eso, te diga alguna tontería en voz baja y tú te rías, le mires a los ojos, se pare el tiempo y te pierdas en ellos. Esos ojos que parece que quieran arrancarte los pensamientos, llegar hasta tu alma y transmitirte todo ese remolino de emociones que se producen simplemente al notar la presencia del otro a tu lado. Y después de esa tormenta perdida en su profunda mirada, que parece recitar poesía y estar compuesta por rimas y versos, uno de los dos se rinda en ese singular duelo de miradas y todo vuelva a la normalidad, que el mundo vuelva a funcionar como hace siempre. Y que se te quede esa sensación irrepetible y única en el cuerpo que sólo él es capaz de producir con una simple sonrisa.

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